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Complicamos
La gran mayoría de los problemas que enfrentan las personas en la vida, en realidad son sencillos de resolver. Basta un SI, un NO o una actitud.
Sin embargo el ser humano, tiene el deseo natural de sentirse grande. Eso hace con que las personas aumentes los problemas para experimentar la sensación de que también son grandes al resolverlos.
Ocurre que, en la mayor parte de los casos, el problema aumenta más que la capacidad para solucionarlos. Esta actitud se convierte en un saboteador de realizaciones.
El mecanismo de complicar los problemas sencillos utilizan dos artificios: la agitación y la generalización. La agitación forma personas que asumen un sinnúmero de compromisos y “pagarés” que cubrir; viven con miedo de que algo equivocado les ocurra y, por lo tanto nunca tienen tiempo para hacer lo que realmente les gustaría. Es más, ni siquiera se permiten percibir lo que realmente les gustaría.
Un ejemplo es el padre de familia, maniático por el trabajo y siempre lleno de deudas, que vive con la vida hipotecada. Se mata por trabajar, no se divierte, sacrifica paseos y vacaciones para pagar la casa. Finalmente, cuando consigue saldar la deuda, resuelve comprar una chacra y contrae otra deuda. Y ¡aahh…! Empieza todo de nuevo.
En esos casos, generalmente, el problema no es pagar la casa. Toda es agitación puede esconder la enorme angustia de no querer tener contacto consigo mismo o con si familia, por cuya seguridad, piensa está peleando. Si le preguntamos “¿por qué se agita tanto?”, ese hombre dirá: “Necesito crear un patrimonio para mis hijos”. “¿Y quien le dijo que sus hijos quieren un patrimonio?”. ¡Sus hijos quieren amor! Para ellos un abrazo apretado, una mirada llena de ternura o un paseo por la placita valen más que una propiedad de un millón de dólares. ¡Y cómo es sencillo dar un beso caroñoso!
GENERALIZAR
La segunda forma como el mecanismo de complicar se manifiesta en la generalización. Generalizar puede ser muy útil y necesario. Si un niño aprende en la escuela que dos manzanas más dos manzanas es igual a cuatro manzanas, el mismo principio valdrá para las peras, aguacates o sandías. Cualquiera sea el objeto, el sabe cual principio seguir. Esto evita que el ser humano gaste energía en operaciones desnecesarias.
El problema empieza cuando los parámetros se cristalizan de tal modo que pasan a ser verdades universales. Es ahí que nacen los preconceptos que buscan hacer encajar el mundo en una idea fija.
“Las mujeres son muy complicadas, nadie consigue entenderlas”. Si un hombre, por dificultades internas o externas vivió situaciones difíciles con algunas mujeres, puede llegar a conclusiones de este tipo como mecanismo de defensa. Vive saboteando la posibilidad de encontrar otras mujeres, mismo antes de saber si aquella mujer específica es en realidad complicada o no. Generalizar mucho nos hace perder de vista las cualidades particulares de cada situación.
El peor preconcepto de todos se encuentra cuando la propia persona se coloca en una situación limitadora: “¡Ah, si yo fuese hombre!”. “¡Ah, si fuese más alto!”. “¡Ah, si fuese más joven!”.
La edad es un ejemplo palpable de cuánto es limitador aplicar un preconcepto contra uno mismo. Muchas personas llegan a cierta edad y se rotulan como viejas. Fijan la idea de que ya es muy tarde para invertir energía en recomenzar una vida nueva. Ni siquiera actualizan sus ideas con lo que ocurre a su alrededor. Hace algunas décadas, el promedio de vida en la región no llegaba a los 30 años. O sea, alguien con 40 años ya era viejo, había vivido mucho. Hoy personas de 50 años mantienen la idea de que ya vivieron mucho, sin darse cuenta de que hoy muere temprano quien no llega a los 70.
En este ritmo, con los nuevos avances de la ciencia, dentro de poco tiempo el promedio de vida llegará fácilmente a los 100 años. Eso significa que alguien con 50 años (dispuesto a jubilarse) solo vivió la mitad de su vida. ¡Es mucho tiempo para quedarnos a esperar la muerte!”
Siempre es momento de aprovechar la mayor oportunidad que el ser humano tiene: “Vivir su vida”. Independientemente de su edad, entre la facultad, aprenda un arte o un oficio, participe en actividades comunitarias o de beneficencia, etc. O mejor aún, si los hijos están criados y usted ya ganó algún dinero, desarrolle un nuevo estilo de vida. Es importante estar viviendo siempre nuestra realidad y no el falso mundo de los preconceptos.
Ing. Juan Angel Bóveda V.
juaboveda@emprendedor.org.py
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