:: SER EMPRENDEDOR ES UNA FORMA DE VIDA
Esto es lo que hacen los emprendedores
Primero: ¡No están deprimidos! Es tal su curiosidad por un mundo de constantes cambios y desafíos, que lo único que desean es ver ¿qué hay de nuevo? Vibran con los nuevos inventos y la capacidad creativa del ser humano. En realidad creen en el cambio y aceptan la inestabilidad como algo natural. Lo ven todo como algo abierto, modificable.
Segundo: Tienen proyectos propios en desarrollo. No están simplemente haciendo un trabajo, sino que a lo mejor están desarrollando una idea propia en su empresa, o llanamente creando otra empresa o negocio. En su trabajo siempre se proponen cosas nuevas, tienen iniciativa y empujan fuerte para que lo que proponen resulte y se implemente. Como se ha dicho, son creadores y buscan sus propias respuestas.
Tercero: Son lectores asiduos, porque la lectura multiplica la experiencia y el aprendizaje, desarrolla ideas nuevas y entrega motivación para la acción. ¡Y mantiene el cerebro activo!
Cuarto: Aprendizaje contínuo. Se habla del aprendizaje continuo en la empresa para adaptarse a un medio cambiante, precisamente porque las condiciones y el conocimiento innovador nace todos los días. Lo mismo es aplicable a las personas, ya que lo que era cierto un tiempo atrás, hoy ha sido cambiado y superado. No importa el campo que elijamos, se renueva constantemente, y ni siquiera las universidades están al tanto de lo más nuevo en administración, por ejemplo, marketing, matemáticas y lo que sea.
En los emprendedores, la búsqueda del conocimiento es algo natural, ya que su curiosidad por un mundo lleno de sorpresas es inmensa. ¡Hay tanto que aprender, ver y mejorar! Y por lo tanto están siempre abiertos a lo nuevo, a la innovación, al cambio.
Quinto: Ambigüedad y riesgo. La mayoría de las personas son sobrepasadas por el avance vertiginoso de los acontecimientos y la permanente indefinición del futuro. Hay que comprender que el mundo es normal así, y más vale aceptarlos y navegar en esas condiciones. Los emprendedores han aprendido a vivir sin saber lo que el mañana les trae y en estado de indefinición permanente.
El riesgo es algo natural en sus vidas. Saben que nuestro conocimiento de los hechos es limitado y peor aún en relación al futuro. En realidad, la humanidad siempre ha sido incompetente cuando se trata de adivinar el futuro o calcularlo.
Y si bien esperan siempre lo mejor, no dejan de prepararse para lo peor y si la derrota sobreviene, es solo externa, ya que internamente están listos para empezar de nuevo.
Sexto: No son convencionales. Lo más frecuente es que los emprendedores están fuera de la "banda cultural", porque son diferentes y piensan y actúan diferente. Cuando todos descansan, ellos trabajan o crean, leen, estudian, hablan temas que otros no entienden. Van tres pasos más adelante o ya vienen de vuelta. Mi experiencia es que los ejecutivos bancarios no los entienden. Y el normal de las personas no entiende su lenguaje. Claro, no cumplen con las reglas.
Séptimo: Entusiasmo. Tienen un fuego interior que los hace brillar y que contagia a otros como ellos, o al menos a otros que tienen inquietudes parecidas. Asustan a las personas normales.
Octavo: Cree en las personas capaces y buscan la participación. Saben que la complejidad del mundo solo se puede manejar trabajando con personas inteligentes y proactivas como ellos mismos. Desprecian a los flojos, cómodos y al statu quo. En todo caso, están siempre empujando a aquellos que no tienen motor propio.
Noveno: Rendirse no es una opción. Tal como en la aventura espacial del Apolo 13, las horas más difíciles son las más valiosas y las que conllevan la posibilidad del triunfo más extraordinario sobre condiciones imposibles.
Como ya se señaló, son implacables en la consecución de sus objetivos. Luchan y "patalean" hasta conseguir su propósito. Reconozco que he conocido pocas personas con esta característica. La mayoría se rinde fácilmente o se conforma.
Décimo: Y por último, si bien confían en Dios, saben que El está muy ocupado. Mientras tanto, preparan el terreno y actúan, desarrollando con su esfuerzo y tesón su propio milagro. Normalmente, después Dios pone su parte.
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